Y
para terminar de momento con los médicos nos falta el neuropediatra, el
especialista que “se supone” nos da el diagnóstico de nuestros hijos. Y digo
“se supone” porque aunque al principio me indigné mucho con su forma de
trabajar y me parecieron absurdas las visitas que hacíamos, ahora tengo mi
propia teoría, totalmente personal y transferible, podéis apuntaros a ella
todos los que os veáis reflejados.
Cuando
nos derivaron al neuropediatra teníamos la idea de que era el médico que nos iba
a abrir todas las puertas, que iba a tener todas las respuestas y que nos iba a
dar todas las directrices a seguir a partir de entonces. Los que habéis pasado
por lo mismo os podréis imaginar el grandísimo chasco que nos llevamos. Porque
el neuropediatra no tiene ninguna varita mágica, y no hay ninguna prueba para
detectar el trastorno de espectro autista, y la verdad, es que tampoco es que
ellos tengan muy claro lo que es y que hay que hacer. Me dio la impresión de
que se les va de las manos, ellos están muy acostumbrados a sus pruebas, sus
resultados y sus baremos, y aquí, no hay nada de eso, no te sacan sangre y a la
semana te dicen: “positivo, tiene autismo en grado X y tiene que hacer estos
ejercicios y tomar esta medicación”, de hecho, el diagnóstico se consigue
cuando han hecho las pruebas de todos los trastornos que conocen y no es
ninguno de ellos, y aun así, la palabra AUTISMO o TRASTORNO DE ESPECTRO AUTISTA
les cuesta muchísimo decirla, prefieren que la digas tú, o que les lleves un
diagnóstico de otro sitio para no mojarse ellos, como si no lo tuviesen muy
claro.
Pero
vamos a empezar por el principio, nosotros fuimos a la primera consulta con
muchas ganas de que viesen a Jimena, que la evaluasen, y que nos dijesen algo
claro sobre lo que tenía y que podíamos hacer, y cuando llegamos allí nos
encontramos con un doctor bastante serio, que nos preguntó las características
de nuestra hija, nos preguntó por qué creíamos que había algún problema y nos
hizo una pequeña batería de preguntas sobre logros evolutivos a ver si los
había alcanzado, como descubrimos más tarde los niños con trastorno de espectro
autista suelen presentar un retraso psicomotor, así que debió extrañarle que
Jimena si hubiese alcanzado los distintos avances más o menos a la edad promedio,
pero ya os he comentado en otras entradas que creemos que estos avances se
lograron en su momento gracias a la natación, de la que prometo hablaros ya en
la siguiente entrada.
En
ese momento unas de las cosas que más recalcamos porque era la que más llamaba
la atención y más preocupados nos tenía fue que Jimena no se dejaba tocar ni
coger por casi nadie, poniéndose muy nerviosa si el que la intentaba tocar no
éramos su padre, su abuela o yo. Y de
repente, se levanta, y dice, vamos a ver si la niña anda y de qué manera, la
cogió de mis piernas, y me dijo que me fuese a la otra punta de la sala a ver
si iba hacia mí y él se fue con ella en
brazos, retorciéndose hasta la otra punta, y claro, cuando la soltó, Jimena en
plena crisis sensorial se tiró al suelo llorando; y el médico nos volvió a
preguntar, “¿Seguro que anda?”, a lo que yo enfadada le tuve que contestar que
claro que andaba, pero que le acababa de decir que lo que la niña no soportaba
era el contacto físico de gente que no conocía, y él, sin pedir disculpas ni
intentar calmar a la niña nos miró y nos
dijo que entonces la hiciésemos andar nosotros, que tenía que verla.
Después
de eso, nos hizo un par de preguntas más y nos dio una hoja informativa sobre
el retraso en el desarrollo, una hoja genérica, que no nos aportaba ninguna
información sobre nuestra hija en concreto, pero a la que él le dio mucha
importancia, meses después descubrimos que para ellos esa hoja es la que
debería darnos respuesta a todos los padres, porque nos mandaron a casa una
encuesta de 5 folios por las dos caras preguntándonos cuanto nos había
informado y cuantas dudas había resuelto, a lo que les contesté que ya podían
hablar más con los padres, ser un poquito más empáticos y ahorrarse el papel,
tanto de la hoja informativa como de la encuesta.
Algo
que me ha llamado mucho la atención del servicio de Neuropediatria es que son
un equipo de cuatro médicos, y puede atenderte cualquiera de los cuatro, vamos,
que no se reparten a los niños, sino que puede tocarte cualquier de ellos y
tienes que volver a contar lo mismo todas y cada una de las veces que vas; esto
tiene algo positivo, y es que puede que la siguiente visita no te toque el
señor serio que cogió a Jimena en brazos y te toque otro que tenga más en
cuenta estas características de la niña, pero aparte de eso, todo lo demás son
inconvenientes, ya que al final, ninguno de ellos es el responsable del
tratamiento, seguimiento y diagnóstico de tu hijo, (Igual lo hacen por eso).
Para
terminar nos dio un volante para que le hiciesen unas pruebas a Jimena, pero ya
nos dijo que esas pruebas iban a dar todas negativo, pero que era el protocolo,
y que hasta que no estuviesen hechas no se podía dar el siguiente paso, lo que
traducido a mi mente mal pensada significaba que no hay dinero para las pruebas
más caras, así que vamos mandando estas, que así ganamos tiempo, y lo mismo en
ese tiempo los papás se aburren. Así que nada, al día siguiente nos vamos a
sacarle sangre, y nos dan cita para ir a por los resultados casi tres meses después;
que cuando estás metido de lleno en el proceso te parece una eternidad, todo el
mundo te dice que el tiempo es oro, que no hay que perder ni un instante, que
son esponjas… y te encuentras con que la parte médica, la parte del diagnóstico
se puede alargar durante más de un año, porque a una media de tres meses por
prueba que le manden, y sabiendo que las primeras van a dar negativo pero que
hay que hacerlas por protocolo… pero bueno, sin desesperar… bueno, vale,
desesperándonos un poquito, pero sabiendo que no hay nada más que se pueda
hacer esperamos.
A
los tres meses fuimos a por los resultados, que por supuesto dieron negativo, y
nos explicaron el siguiente paso, que todavía hoy no entiendo que no pudiese
hacerse todo a la vez, teníamos que pedir cita con genética, y ellos, después
de ver la historia de Jimena y hacernos algunas preguntas le mandarían las
pruebas genéticas para descartar los trastornos de origen genético que ya se
conoce su causa y hacerle un cariotipo. Pero, sabiendo que del Autismo no se
conoce su alteración genética, y que por lo tanto, lo más probable es que
tampoco fuese ninguno de los trastornos conocidos y también diese negativo.
Y
otra vez ahí que nos fuimos, pedimos cita con genética, que fueron dos meses y
medio más a sumar, y allí por lo menos fueron mucho más sinceros, y nos
confesaron que el autismo es ese gran desconocido, que se conocen muchos
trastornos de origen genético, pero que el autismo todavía no han descubierto
como diagnosticarlo, y que por lo tanto,
nos iban a mandar unas pruebas que iban a decirnos si se trataba de alguno de
los 50 trastornos que si se conocen y que comparte alguna característica con el
autismo, y por lo tanto con las características de Jimena, pero que tuviésemos
claro que lo más probable por lo que ellos veían es que no fuese ninguno de
ellos; y efectivamente, después de varios meses más de espera para los
resultados, cuando volvimos a la consulta de genética nos lo confirmaron, que
no era ninguno de ellos, y que por lo tanto, no se podía hacer más de momento.
Con
estas nuevas pruebas volvimos al neurólogo, que nos ratificó lo que nos habían
dicho, que dado que no era ningún trastorno conocido, se podía deducir que se
trataba de un trastorno generalizado del desarrollo (TGD), que podía ser Autismo
o no (ahí empecé a darme cuenta que quieren volvernos locos), que de todas
formas Jimena era muy pequeña y que todo podía cambiar, pero que al ver que no
había presentado ningún retroceso no nos iban a hacer más pruebas y que íbamos
a esperar a ver su evolución. Así que nos dijo que volviésemos al año
siguiente. Y ahí nos encontramos ahora, una vez más esperando.
Así
que esta ha sido por el momento nuestra aventura con el neurólogo, que como os
había dicho aún no se atreve a confirmar si es Autismo, y prefieren utilizar el
gran cajón de sastre que es el TGD, como si el del TEA no fuese ya de por sí
bastante amplio. Y eso entre otras cosas que pasaron más adelante y ya contaré
es lo que nos llevó a llevar a Jimena a que la evaluasen en más sitios, porque repitiendo
lo que dije en otra entrada, si hay algo más duro que saber que tu hija tiene
un problema, es no saber que le ocurre y como trabajar con ello.
Menos mal que hemos aprendido a esperar.
La situación tiene que ser muy dura pero seguir trabajando como lo estáis haciendo porque lo estáis haciendo fenomenal y espero que la situación cambie para que otros padres no lo tengan tan dificil
ResponderEliminarPor si es de utilidad en nuestro laboratorio se realiza una prueba, MetaTest que diagnóstica o descarta hasta 150 enfermedades metabólicas (EIM) con una tira de orina en menos de 72 horas. Más información:
ResponderEliminarhttp://cdemac.es/es/nuevo-modelo-cribado/
gracias por compartir tu vivencia.
ResponderEliminaren este momento nos encontramos en este proceso tan desesperante que es el diagnostico y claro que estamos llenos de expectativas a lo que dira el neuropediatra. por otro lado ya vamos para mas de 8 meses de terapia de lenguaje y cognitiva la cual nos a dado los avances que jamas pensamos lograr
Gracias por compartir tu experiencia. Llegué a tu blog porque me pasó algo similar. El sin sabor de ir a un especialista y que te digan lo mismo que ya sabías.
ResponderEliminarY la angustia de la espera y no saber que más hacer.