viernes, 4 de diciembre de 2015

JIMENA Y LA NATACIÓN



Tenía muchas ganas de escribir esta entrada, porque la natación es algo muy especial para Jimena y para mí, es un proyecto que comenzamos mucho antes de que el Autismo llamara a nuestra puerta para quedarse y es una actividad por la que he luchado y he aguantado chaparrones de críticas. Y ahora, que nos han dicho lo bien que le ha venido a Jimena todos se suman al carro de decir que bien que ha ido a la piscina, pero yo durante más de un año me he comido los pobrecita, todo el día con el culo en remojo, ya tendrá tiempo de aprender, por un capricho tuyo la niña todo el invierno mala…

Y sí, lo admito, fue un capricho mío, desde que nació Jimena tenía muchísimas ganas de apuntarla. No voy a pretender venderos la actividad, creo que es lo bastante buena como para venderse sola, y si no, el que quiera información ahí está internet que seguro que lo explica muchísimo mejor que yo. Yo voy a daros mis motivos por los que quería apuntarla.

El primero, hacer una actividad conjunta con mi hija, que nos permitiese salir del círculo, biberón, pañal, cuna; y la matronatación no solo nos daba esta opción, sino que además es una de las actividades que más refuerza el vínculo madre-hija, porque exige una confianza y contacto máximos.

Segundo, los amigos que tienen niños y que habían ido a esta actividad nos hablaban de ella como maravillosa, por la seguridad e independencia que les transmite a los niños y la tranquilidad que les daba a los padres que los niños se manejen en el agua.

Y tercero, porque yo siempre he creído que los niños no se rompen y que no tienen que estar todo el día tumbados, metiditos en arrullos mirando al techo, entiendo que en cada momento a los niños se les ha tratado de una forma, y que hace años por costumbre, por tradición o porque en ese momento es lo que decían los expertos de turno se dejase a los niños sin estimularles, pero lo que yo quería era estimularla y darla aprendizajes desde el primer momento.

Así que ahí nos fuimos a apuntarnos a la escuela de la que mejor nos habían hablado en Zaragoza, y que tengo que admitir que aunque no he probado otras no la cambio por nada del mundo, por todo lo que hemos aprendido, pero sobre todo, por todo lo que nos han acompañado, apoyado y ayudado con Jimena, y por todo lo que se han implicado y han aprendido para saber enseñarla y tratarla. La escuela de natación Pedro Franco.

Cuando empezamos Jimena iba a cumplir los siete meses, y tengo que confesar, que ese primer año fue horrible, estuve a punto de borrarla mil veces, lo que iba a ser una super actividad que iba a darnos paz y tranquilidad, a darnos confianza y un vínculo de amor eterno se convertía por momentos en un calvario. A Jimena no le gustó mucho la experiencia, lloraba durante toda la clase, al llorar tragaba muchísima agua y vomitaba todos los días, teniendo en cuenta que íbamos tres días a la semana son muchas vomitonas a lo largo de todo un año. A eso hay que sumarle que de vez en cuando se ponía mala, resfriados, gastroenteritis… y por supuesto siempre era por culpa de la piscina; no sé si os he comentado que tengo una familia maravillosa, pero que cuando les da con algo también se ponen machacones maravillosamente.



Al final, después de desesperarme y hablar con las demás mamás de la piscina al final siempre decidía darle otra oportunidad y esperar, porque todos, el que más y el que menos habían pasado alguna etapa en la que lo habían llevado regular, lo que pasa es que nuestra etapa regular fue larga larga. Pero de repente un día, en el que ya entrabas al agua esperando el berrinche, se empezó a reír y a jugar, y así hasta ahora. Empezó a disfrutar del agua, y fue un gran alivio y me hizo darme cuenta de que todo el tiempo que habíamos pasado tan mal había merecido la pena.



Allí también se fueron dando cuenta según iba pasando el tiempo que algo pasaba con Jimena, no arrancaba a hablar cuando el resto de los niños, le costaba más seguir las indicaciones de los profesores, tardó más tiempo en estar preparada para empezar a nadar sola sin la ayuda de mamá, cuando empezó a nadar sola solo aceptaba que la tocase una profesora, era imposible cambiarla de grupo, y si ella faltaba ya no atinaba con nada…  estuvieron siempre muy pendientes de nosotros y de esos pequeños avances que para nosotros significan tanto. Y cuando llegó el diagnóstico estuvieron a nuestro lado, y nos dijeron que no nos preocupásemos, que Jimena iba a seguir trabajando igual, que iban a sacar lo máximo de ella y que aunque pudiese haber algún retroceso, ellos estarían allí para volver a avanzar hacia delante, y así ha sido; les estoy muy agradecida.

Los avances y ese disfrutar se ven muchísimo, este verano disfrutó como nunca de la piscina y el mar, nadó, buceó, y lo que más nos llamó la atención, es que se exhibía, cuando veía a algún niño en los brazos de sus padres porque no sabían nadar se ponía cerca a hacer sus piruetas y sus inmersiones, buscaba que la mirasen y la prestasen atención gente desconocida, algo que hasta ahora no le había importado.



Ahora Jimena no solo nada sola, sino que ha pasado de nivel, y ya nada a lo largo, hace un par de días tuvimos la exhibición de este trimestre y además de nadar genial (que voy a decir yo), pude comprobar que es capaz de seguir bastante bien el ritmo de la clase, de atender a la profesora, y de nadar de la manera que ella le dice, es cierto que tiene que explicárselo a ella de forma individual para que le preste atención, pero que lo haga una vez que se lo han dicho es un gran avance.



Nunca me he planteado la actividad como algo profesional, que aprenda todos los estilos de manera perfecta, que avance más rápido que el resto de niños, que sea la mejor, para mí siempre, pero más desde que conocemos su trastorno lo más importante es que disfrute, que se lo pase bien, que juegue, por supuesto que aprenda, que atienda y que obedezca, pero todo en un ambiente de juego y diversión. Y ahora mismo es lo que tenemos, una niña feliz que está deseando meterse en el agua.

Solo espero que a pesar de todas las actividades y terapias que tengamos que hacer con Jimena podamos seguir manteniendo la piscina, ahora que por fin la disfruta, que está deseando ir, que desde que le dices que ese día toca natación están nerviosa esperando el momento, ahora que por fin atiende a los profesores y entiende lo que tiene que hacer y lo que esperan de ella, ahora que es capaz de anticipar y seguir las rutinas que implica la actividad, ahora que adora a todos los profesores y se va con todos ellos… ahora solo espero no sobrecargarla de actividades y tareas y que la piscina la canse o no quiera ir, o lo que sería peor, vernos obligados a prescindir de ella.

Estas líneas no explican suficiente todo lo que hemos vivido en la piscina, pero os pueden servir para haceros una idea, y a mí, para agradecerles a todos los que trabajan allí el gran trabajo que hacen y el inmenso cariño que nos demuestran a Jimena y a mí. ¡¡Muchas gracias!!

1 comentario:

  1. Me alegro mucho de que Jimena haya empezado tan pronto con la estimulación por medio de la natación. Estoy segura de que la ha ayudado muchísimo en su psicomotricidad.

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