Tenía
muchas ganas de escribir esta entrada, porque la natación es algo muy especial
para Jimena y para mí, es un proyecto que comenzamos mucho antes de que el
Autismo llamara a nuestra puerta para quedarse y es una actividad por la que he
luchado y he aguantado chaparrones de críticas. Y ahora, que nos han dicho lo
bien que le ha venido a Jimena todos se suman al carro de decir que bien que ha
ido a la piscina, pero yo durante más de un año me he comido los pobrecita,
todo el día con el culo en remojo, ya tendrá tiempo de aprender, por un
capricho tuyo la niña todo el invierno mala…
Y
sí, lo admito, fue un capricho mío, desde que nació Jimena tenía muchísimas
ganas de apuntarla. No voy a pretender venderos la actividad, creo que es lo
bastante buena como para venderse sola, y si no, el que quiera información ahí
está internet que seguro que lo explica muchísimo mejor que yo. Yo voy a daros
mis motivos por los que quería apuntarla.
El
primero, hacer una actividad conjunta con mi hija, que nos permitiese salir del
círculo, biberón, pañal, cuna; y la matronatación no solo nos daba esta opción,
sino que además es una de las actividades que más refuerza el vínculo madre-hija,
porque exige una confianza y contacto máximos.
Segundo,
los amigos que tienen niños y que habían ido a esta actividad nos hablaban de
ella como maravillosa, por la seguridad e independencia que les transmite a los
niños y la tranquilidad que les daba a los padres que los niños se manejen en
el agua.
Y
tercero, porque yo siempre he creído que los niños no se rompen y que no tienen
que estar todo el día tumbados, metiditos en arrullos mirando al techo, entiendo
que en cada momento a los niños se les ha tratado de una forma, y que hace años
por costumbre, por tradición o porque en ese momento es lo que decían los
expertos de turno se dejase a los niños sin estimularles, pero lo que yo quería
era estimularla y darla aprendizajes desde el primer momento.
Así
que ahí nos fuimos a apuntarnos a la escuela de la que mejor nos habían hablado
en Zaragoza, y que tengo que admitir que aunque no he probado otras no la
cambio por nada del mundo, por todo lo que hemos aprendido, pero sobre todo,
por todo lo que nos han acompañado, apoyado y ayudado con Jimena, y por todo lo
que se han implicado y han aprendido para saber enseñarla y tratarla. La
escuela de natación Pedro Franco.
Cuando
empezamos Jimena iba a cumplir los siete meses, y tengo que confesar, que ese
primer año fue horrible, estuve a punto de borrarla mil veces, lo que iba a ser
una super actividad que iba a darnos paz y tranquilidad, a darnos confianza y
un vínculo de amor eterno se convertía por momentos en un calvario. A Jimena no
le gustó mucho la experiencia, lloraba durante toda la clase, al llorar tragaba
muchísima agua y vomitaba todos los días, teniendo en cuenta que íbamos tres
días a la semana son muchas vomitonas a lo largo de todo un año. A eso hay que
sumarle que de vez en cuando se ponía mala, resfriados, gastroenteritis… y por
supuesto siempre era por culpa de la piscina; no sé si os he comentado que
tengo una familia maravillosa, pero que cuando les da con algo también se ponen
machacones maravillosamente.
Al
final, después de desesperarme y hablar con las demás mamás de la piscina al
final siempre decidía darle otra oportunidad y esperar, porque todos, el que
más y el que menos habían pasado alguna etapa en la que lo habían llevado
regular, lo que pasa es que nuestra etapa regular fue larga larga. Pero de
repente un día, en el que ya entrabas al agua esperando el berrinche, se empezó
a reír y a jugar, y así hasta ahora. Empezó a disfrutar del agua, y fue un gran
alivio y me hizo darme cuenta de que todo el tiempo que habíamos pasado tan mal
había merecido la pena.
Allí
también se fueron dando cuenta según iba pasando el tiempo que algo pasaba con
Jimena, no arrancaba a hablar cuando el resto de los niños, le costaba más
seguir las indicaciones de los profesores, tardó más tiempo en estar preparada
para empezar a nadar sola sin la ayuda de mamá, cuando empezó a nadar sola solo
aceptaba que la tocase una profesora, era imposible cambiarla de grupo, y si
ella faltaba ya no atinaba con nada… estuvieron siempre muy pendientes de nosotros
y de esos pequeños avances que para nosotros significan tanto. Y cuando llegó
el diagnóstico estuvieron a nuestro lado, y nos dijeron que no nos preocupásemos,
que Jimena iba a seguir trabajando igual, que iban a sacar lo máximo de ella y
que aunque pudiese haber algún retroceso, ellos estarían allí para volver a
avanzar hacia delante, y así ha sido; les estoy muy agradecida.
Los
avances y ese disfrutar se ven muchísimo, este verano disfrutó como nunca de la
piscina y el mar, nadó, buceó, y lo que más nos llamó la atención, es que se
exhibía, cuando veía a algún niño en los brazos de sus padres porque no sabían
nadar se ponía cerca a hacer sus piruetas y sus inmersiones, buscaba que la
mirasen y la prestasen atención gente desconocida, algo que hasta ahora no le
había importado.
Ahora
Jimena no solo nada sola, sino que ha pasado de nivel, y ya nada a lo largo,
hace un par de días tuvimos la exhibición de este trimestre y además de nadar
genial (que voy a decir yo), pude comprobar que es capaz de seguir bastante
bien el ritmo de la clase, de atender a la profesora, y de nadar de la manera
que ella le dice, es cierto que tiene que explicárselo a ella de forma individual
para que le preste atención, pero que lo haga una vez que se lo han dicho es un
gran avance.
Nunca
me he planteado la actividad como algo profesional, que aprenda todos los
estilos de manera perfecta, que avance más rápido que el resto de niños, que
sea la mejor, para mí siempre, pero más desde que conocemos su trastorno lo más
importante es que disfrute, que se lo pase bien, que juegue, por supuesto que
aprenda, que atienda y que obedezca, pero todo en un ambiente de juego y
diversión. Y ahora mismo es lo que tenemos, una niña feliz que está deseando
meterse en el agua.
Solo
espero que a pesar de todas las actividades y terapias que tengamos que hacer
con Jimena podamos seguir manteniendo la piscina, ahora que por fin la
disfruta, que está deseando ir, que desde que le dices que ese día toca
natación están nerviosa esperando el momento, ahora que por fin atiende a los
profesores y entiende lo que tiene que hacer y lo que esperan de ella, ahora
que es capaz de anticipar y seguir las rutinas que implica la actividad, ahora
que adora a todos los profesores y se va con todos ellos… ahora solo espero no
sobrecargarla de actividades y tareas y que la piscina la canse o no quiera ir,
o lo que sería peor, vernos obligados a prescindir de ella.
Estas
líneas no explican suficiente todo lo que hemos vivido en la piscina, pero os
pueden servir para haceros una idea, y a mí, para agradecerles a todos los que
trabajan allí el gran trabajo que hacen y el inmenso cariño que nos
demuestran a Jimena y a mí. ¡¡Muchas gracias!!
Me alegro mucho de que Jimena haya empezado tan pronto con la estimulación por medio de la natación. Estoy segura de que la ha ayudado muchísimo en su psicomotricidad.
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